Aprender a manejar las emociones es uno de los pedidos más comunes que trabajo en terapia junto a mis pacientes. Hay personas que se sienten incómodas expresando sus emociones o simplemente nunca aprendieron a hacerlo. Hay casos en los que cualquier expresión emocional se considera como una “debilidad”. Una escasa educación emocional puede deberse a muchas razones, y en ese caso es común considerar a las emociones como algo “secundario” que pasarán rápidamente y no tienen un mayor impacto.

A veces pensamos que, si tenemos una emoción intensa, se nos pasará o que es parte de nuestra personalidad (soy muy fácil de enojar). Sin embargo, cuando no gestionamos nuestras emociones, éstas pueden afectar nuestro bienestar mental y físico, dejando consecuencias que pueden volverse graves. Desde el deterioro de la salud mental hasta afectar a nuestras relaciones relaciones y la disminución de la productividad, el impacto de las emociones no gestionadas es profundo y de largo alcance. Por suerte, cada vez más se resalta la importancia de saber manejar las emociones desde temprano y se ofrecen recursos para que los niños aprendan a hacerlo.

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En este artículo, veremos qué tanto puede afectar la falta de manejo emocional, destacando el profundo impacto que tienen en varias áreas de nuestras vidas:

Emociones sin gestionar = deterioro de la salud mental

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Las emociones son variadas y algunas puede resultar muy incómodas, como el miedo o el enojo. Si no se controlan de una manera eficaz, pueden afectar nuestro bienestar mental. Reprimir o negar estas emociones puede servir como un alivio temporal, pero a largo plazo vuelven a surgir con fuerza, transformándose en condiciones debilitantes como la depresión, los trastornos de ansiedad.

Estos problemas de salud mental afectan nuestra vida cotidiana, debilitando nuestra capacidad para funcionar y encontrar consuelo. El peso de las emociones sin gestionar se convierte en un ancla que nos va jalando, robándonos la vitalidad y las ganas de vivir.

Para mitigar el deterioro de la salud mental, es vital primero entender qué es lo que estamos sintiendo y qué está causando esta emoción. Después, debemos encontrar estrategias de regulación emocional. Actividades como escribir un diario de emociones o canalizarlas a través de métodos creativos como el arte o la música son herramientas poderosas. Si esto no funciona, un análisis más profundo con un psicólogo puede ayudarte a encontrar herramientas y estrategias personalizadas de manejo de emociones.

Problemas en las relaciones con el resto

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Las emociones tienen una influencia enorme en nuestras relaciones interpersonales. Cuando las emociones no se gestionan, pueden hacer que nuestras conexiones sociales se destruyan. Obviamente, estar con una persona que siempre está enojada o tiene ataques de ira es difícil. Las personas que no saben manejar sus emociones pueden tener comportamientos pasivo-agresivos que ni ellos entienden por qué lo hacen, pero van creando una atmósfera que hace que sus relaciones se vuelvan poco sanas.

La falta de comunicación y los malentendidos también se convierten en algo habitual, ya que las emociones no tratadas generan resentimientos y amargura entre las personas. La incapacidad para expresar y procesar eficazmente las emociones lleva a una ruptura de la comunicación, lo que dificulta la resolución de conflictos.

La ira sin controlar, por ejemplo, puede convertir desacuerdos superficiales en enfrentamientos violentos, afectando permanentemente la relación. Para evitar que esto pase, es vital aprender más sobre la inteligencia emocional y practicar habilidades de comunicación sanas (ser asertivo, no pasivo ni agresivo). También se puede trabajar la empatía, la escucha activa y el autoconocimiento Así podremos evitar tener malos ratos con el resto y fortalecer nuestras relaciones.

Disminución de la productividad

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El manejo de emociones y la productividad van de la mano. Éstas influyen en nuestra capacidad para centrarnos, tomar decisiones y ejecutar tareas con precisión. Pero cuando las emociones se desbocan, no se controlan ni se gestionan, sabotean nuestra productividad y obstaculizan nuestro progreso. Emociones intensas como el estrés, la frustración o el agobio nublan nuestro juicio y disminuyen nuestras facultades cognitivas, haciendo que concentrarse y rendir óptimamente sea más difícil.

Además, la presión de las emociones no gestionadas mantiene un ciclo de procrastinación y evasión, ya que buscamos minimizar nuestro malestar emocional sin enfrentarlo en verdad. El peso de las emociones no resueltas se convierte en una carga que baja nuestra energía y motivación, dejándonos en un estado inercia. Como resultado, las tareas quedan incompletas, los plazos se incumplen y las oportunidades de crecimiento y avance se nos escapan de las manos. Lo único que logramos es seguirnos estresando y aumentar las emociones que buscábamos evitar para comenzar.

Para recuperar nuestra productividad y motivarnos, es esencial desarrollar estrategias para gestionar eficazmente las emociones. Además, establecer límites, dar prioridad al autocuidado y buscar el apoyo de personas de confianza (que puede incluir un terapeuta), son pasos vitales para lidiar con nuestras emociones. La resiliencia emocional y los mecanismos de afrontamiento saludables nos ayudarán a afrontar la tentación de dejar todo para después y podremos liberar todo nuestro potencial de éxito y realización.

Problemas de salud física

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La mente y el cuerpo están interconectados, no hay ninguna duda al respecto. Hay un profundo impacto de las emociones no gestionadas en nuestra salud física. El estrés crónico, que puede surgir de las emociones no abordadas, pasa factura a nuestro bienestar fisiológico y desencadena una serie de síntomas adversos para la salud. La respuesta natural del organismo al estrés, caracterizada por la liberación cortisol y adrenalina, puede causar estragos en nuestro sistema inmunitario a largo plazo, haciéndonos más vulnerables a enfermedades e infecciones.

Además, las consecuencias de las emociones no gestionadas van más allá del ámbito del estrés y se manifiestan en otros problemas de salud física, desde enfermedades cardiovasculares hasta trastornos gastrointestinales. La alimentación emocional, empleada a menudo como mecanismo de afrontamiento para adormecer el dolor de las emociones no resueltas, puede provocar aumento de peso, deficiencias nutricionales y trastornos metabólicos (hablamos más al respecto en nuestro artículo Ansiedad por comer: 4 estrategias de afrontamiento). El impacto acumulativo de estos problemas de salud física agrava aún más la carga de las emociones no gestionadas, creando un círculo vicioso de deterioro que amenaza nuestro bienestar general.

Para bajar el coste físico de las emociones no gestionadas, es importante dar prioridad al autocuidado y adoptar enfoques holísticos del bienestar. Hacer ejercicio con regularidad, practicar técnicas de atención plena (mindfulness) y establecer hábitos de vida saludables son pasos esenciales para fomentar la resistencia física y bajar síntomas de estrés y ansiedad. Al cuidar nuestra salud física, fortalecemos nuestras defensas contra los efectos nocivos de las emociones mal manejadas.

Comportamientos autodestructivos

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No saber cómo manejar la emociones hace que las personas vayan por un peligroso camino de comportamientos autodestructivos, ya que buscan consuelo en mecanismos de afrontamiento poco saludables para anestesiar el dolor del dolor emocional no resuelto. El abuso de sustancias, las autolesiones y las ideas suicidas se convierten en manifestaciones insidiosas de la profunda angustia y desesperación que acompañan a las emociones no gestionadas. Estos comportamientos autodestructivos sirven como intentos desesperados de escapar de la confusión emocional, dando un respiro temporal de las luchas internas.

Sin embargo, la ilusión de alivio que dan estos comportamientos autodestructivos se acaba pronto y da paso a sentimientos más profundos de vergüenza, culpa y desesperación. El ciclo de autolesiones se convierte en un bucle de sufrimiento que lleva a las personas a un espiral de desesperación y desesperanza. Si tú o un conocido tienden a este tipo de conductas, por favor consideren buscar la ayuda de un profesional para evitar que éstas continúen o se agraven.


¿Cómo se puede aprender a gestionar las emociones de un modo saludable? Buscar ayuda profesional que nos de pautas personalizadas, crear una red de apoyo con quien hablar de nuestras emociones en un entorno seguro y desarrollar mecanismos de afrontamiento sanos son un gran primer paso para romper el ciclo de comportamientos autodestructivos y recuperar el control sobre nuestras emociones. En terapia, un ejercicio al que recurro con frecuencia con mis pacientes es el de ampliar el vocabulario de las emociones, ya que cuando no podemos expresarlas con precisión, nos costará más manejarlas con eficacia.

Cuando conocemos el impacto de las emociones no gestionadas en nuestras vidas, es más fácil tomar medidas proactivas para abordarlas y podremos comenzar a ver los cambios y beneficios que nos da un mayor manejo emocional.

Preguntas frecuentes sobre las emociones sin gestionar

A continuación, respondemos a algunas de las preguntas más comunes acerca de las emociones sin gestionar:

¿Qué son emociones no gestionadas?

Las emociones no gestionadas son, justamente, emociones que no hemos procesado o no sabemos cómo manejar. Como hemos a lo largo de este artículo, pueden tener consecuencias sobre nuestra salud mental y nuestras relaciones con otras personas. Si buscas ayuda personalizada, un profesional de la salud mental puede ayudarte a encontrar métodos eficaces para gestionar tus emociones.

¿Qué sucede cuando no gestionamos nuestras emociones?

En este artículo hemos visto 5 de la consecuencias que pueden ocurrir si no gestionamos nuestras emociones: puede llevar a tener problemas en las relaciones con el resto, a una disminución de la productividad, a tener problemas de salud física y a tener comportamientos autodestructivos. Evidentemente, no todas estas consecuencias van a ocurrir necesariamente, pero son señales de alerta de que podríamos tener emociones pendientes de gestionar.

¿Cómo saber si tengo emociones sin gestionar?

Cuando no gestionamos nuestras emociones, es como si estuviésemos embotellándolas. Sin embargo, estas emociones pueden comenzar a fermentarse hasta que estallen. Por lo tanto, las 5 consecuencias que mencionamos en este artículo son señales de alarma de que alguien no ha gestionado sus emociones. Otras señales pueden incluir ser excesivamente impaciente, ser impulsivo, sentirse constantemente nervioso, etc.

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